sábado, 25 de abril de 2026

Iglesia de Peñaflor

Iglesia de Peñaflor

 —Esa torre del campanario, tiene historia para mí. Resulta que en el ’86 a regañadientes fui convertido y exorcizado a la religión de don “Jechu” como se hacía en aquellos tiempos, a pura obediencia. Mi madre prácticamente me obligó a ser acólito y ese campanario finalmente se convirtió en un premio; recuerdo que llegábamos los domingos antes de la eucaristía, mi hermano y el Argentino (Nestor) para tocar la campana con el ritual de dos campanadas en un mismo lado y el tercero, que con un empujoncito (gracias a la física aplicada y de partículas diría yo) daba solito el impulso extra para la sinfonía que eran dos campanadas en un mismo lugar, y de pronto el estruendo desatado: ¡clon-clán!, dos golpes fuertes en la ida, ¡clán-clon!, dos en la vuelta. Un vaivén frenético de uno-dos, tres-cuatro, donde el metal ya no obedecía a la cuerda sino a su propia inercia, tres-cuatro (al “Ápside” a modo de vaivén), 1, 2-3-4 campanadas pa’ llá y pa’ ca, uno y otro golpazo para terminar súbitamente tiritando de miedo y en puntillas del afilado borde del concreto y luego, el silencio atroz, satisfactorio. El eco de las campanadas resonaba fuerte los domingos y si se hacía perfecto, el Padre Adelio nos premiaba con un puñado de monedas para nuestras pobrezas y decidíamos sin asco ir a gastarlas en los videos y, digámoslo, con toda la crudeza y sin caer en blasfemias peregrinas o contradicciones paganas; el curita sin saberlo, se había convertido en nuestro mecenas de cabecera, el alma noble que financiaba las heroicas destrezas en la tercera dimensión de los “flippers”. Dicho esto (y con la mayor responsabilidad de un sujeto que vive de recuerdos y anécdotas), ese condenado campanario al cuál accedíamos por una puerta secreta que estaba a la derecha del resucitado, se repite en mi mente y más aún,—las secciones interiores de la torre, su escalera maltrecha y rechinadora para llegar finalmente a la campana; donde el sonido divino de bronce mal pulido atravesaba y recortaba el aire de Peñaflor .

Nota: siempre creí y sostengo que ese Jesús ahí dentro de la parroquia, tenía más pinta de un actor porno italiano que un carpintero de Judea de hace dos mil años, aun no me trago ese cuentecito…

“La imagen muestra la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Peñaflor" en su estado antiguo. Su icónico campanario fue remecido  en 7.8  de la Escala de Richter a principios sel año 85; provocándole daños estructurales importantes en sus verijas y finalmente destruido de las tripas por un terremoto hace algunas décadas .

Crónica de una estafa piadosa: por cierto, esas escaleras que estaban allí dentro del campanario, eran una verdadera trampa mortal. Dos pimches escaleras armadas y clavadas al puro peo, porque la torre contaba con tres pisos y cada piso desde el segundo al tercero; tenía una especie de hoyo cuadrado qué, al tocar la campana debías tener una tercera mano para agarrarte la raja y no caer al vacío mínimo y negro. La soga era gruesa lo recuerdo bien ¡la soga del abordaje! y ergonomenpíricamente ajustable para mover esa pesada campana de bronce, que estaba entramada con nudos, digamos, para el agarre; al menos el padre Adelio puso una especie de “salvavidas” para el siguiente voluntario al patíbulo, que daba acceso directo con el creador. Porque teníamos que colgarnos de la soga para hacer fuerza desde el otro lado del “hoyo” resolviendo en nuestros sesos, el ritmo mortal de la sinfonía de “campanadas” y esperar con fe ciega que ninguna de esas malditas palomas echara el vuelo, para no perder el equilibrio cayendo irremediablemente al vacío, y en el peor de los casos no bajar todo cagado por esas condenadas palomas.

Este es un recuerdo mío y quizá de mi hermano y dos compañeros de colegio. Ya todos somos unos viejos al borde del colapso de vértebras (al menos mi caso), piñizcando el medio siglo. Cuando nos obligaron a ser acólitos con mi hermano se corrió se debió correr la voz en el colegio porque unos nos miraban raros, otros con parsimonia, incredulidad y asco, pero otros, como mi amigo "el cacho Leiva, Nestor" y el Leo, salían de su letargo con evidente e insana competitividad desde que les conté, a modo de sacarme los pillos y pretender que más que una obra evangelizadora y de redención, era un mero aprovechamiento para obtener dinero fácil para los “flippers” fue así que ambos, Leo y Nestor se unieron al Club de los Sagrados Corazones de San Adelio, los acólitos equilibristas, las aves humanas de “rapiña”, por la limosna y la gloria de unas pocas horas en los videos, con aquel dinero fácil. (que de fácil ganárselo no era tan así, era más bien, un reto a la destreza).

No lo sé, han pasado 16 años desde que se nos arrancó una parte del pueblo y ningún huevón intenta reconstruir el campanario que le daba ese aire de plaza antigua y aroma autóctono a mi querido Peñaflor.

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